viernes, 5 de marzo de 2010

Querido árbol.






Hola árbol, conseguí que una noche más vieras asomar mi cabecilla sobre la ventana, no llegó a ser fácil, en aquel momento pensaba que nunca volvería a sonreír, que mis ganas de levantar la cabeza de aquella sábana repleta de plumas nunca llegarían a ser como antes, sin embargo lo conseguí, aquella noche me decidí a hacerlo, tú nunca me abandonaste, ¿porque motivo lo debería de hacer yo? Tenía que escribirlo, me era indispensable, sé que no se deben recordar los momentos malos porque la mayoría de ellos no se borrarán de tu memoria jamás. Nunca se lo conté a nadie, solo tú sabías los secretos mejor guardados de mi vida, hasta entonces eras mi mejor amigo. Nadie entendía esta extraña relación.






-¿Un árbol?



-Sí un árbol.






Sin embargo, aquellos seres seguían relacionándose entre ellos consiguiéndose hacer el mayor daño posible. Sabía de sobra que nunca llegarías a ser como ellos, nunca podría escuchar algo que viniese de ti, sin embargo, en todo momento no tenía más que levantar aquella cabeza que permanecía las largas 24 horas de su día en pensamientos que en ningún momento me eran satisfactorios, para verte allí, siempre allí. No dejaba de ser una noche más, pero de todas las que recordaba, quizás sí, la más especial, quizá esta era la situación más dolorosa que había aparecido en mi camino, mi largo camino. Mientras mis lagrimas se dejaban caer sobre mi triste rostro tú, aunque sólo yo lo presenciaba, te encontrabas allí, firme y atento a mis palabras.




– Arbolillo, ¿por qué? Son tantos los recuerdos que hoy recorren mi mente uno a uno valorando las cosas que no supe valorar en aquel momento, sin embargo, ahora, cuando ya no podré repetirlos, me doy cuenta de que cada palabra, cada mirada, cada gesto que salia de aquella persona valía todo un mundo, todo mi mundo de ilusiones, mundo que ahora perdí.




En aquel momento, justo cuando agaché la cabeza unas palabras sonaron, no era la voz de cualquier persona, por un momento pensé que mi alma recobraba vida y se hacía escuchar mediante palabras sueltas que llevaban a un significado concreto.




Son muchos los años que llevo escuchando historias diferentes con distintas maneras de contarlas y distintos gesto de tu persona. Sin embargo, tanto unas como otras siempre me han llevado a ese significado, la palabra amor, cariño... Te preguntarás, qué tienen que ver todas ellas en esto, pero tú sin saberlo vives esas dos palabras con una intensidad fuera de lo normal, eres de esas personas que valoras a todos tus conocidos y no les cierras las puertas a nadie, a todas ellas tienes algo que regalar o algo que mostrar en el momento adecuado, a cada una de ellas le regalas miles de palabras que consiguen hacer la reflexión de ellas. Todas y cada una de ellas, las muestras con un amor, un cariño inusual, tienes un brillo en los ojos que hace correr la magia en tu sonrisa, en tu mirada haciendo que esas personas te recuerden como la más dulce de todas ellas. Sueles sufrir más por el dolor ajeno que por el tuyo propio, siempre intentas encontrar lo bonito de todas las historias pero cuando llega alguna relacionada con estas palabras te derrumbas y tu alma se deja correr hasta tus pies sintiendo que no puedes continuar con todo esto, no son muchas las veces que te he escuchado decir “no puedo más”, pero esta no va a ser una más si no una falsa alarma.




– Sal a la calle, ríe sin parar y nunca dejes que nadie te derrumbe porque tú vales más que todas esas falsas historias en las que sólo sufres tú. Cada vez que necesites mi ayuda mira ese árbol y notarás mi presencia en cada hoja que caiga.


“ SON MUCHAS LAS HOJAS QUE CAERÁN, PERO NUNCA LAS PERDERÁS TODAS, MIENTRAS UNAS SE DERRUMBAN, OTRAS SE CREAN”

Tú, tienes el tiempo de lamentarte por aquellas que se derrumban, pero yo me preocuparía más por aquellas que debes ir creando.

Esas fueron sus últimas palabras. Si te soy sincero, me mantuve horas pensando en ellas. ¿Qué era lo que me quería decir?¿Por qué tardó tanto en decírmelo? Sin duda un matojo de preguntas a las que no les encontraba la respuesta precisa. Lo único que tenía claro en ese momento era que ya nunca llegaría a ser lo mismo sin ver aquella cara sonriéndome como no lo hacía nadie. Levante mi cabeza de aquel lugar frío y húmedo, me sequé los ojos y cerré la ventana. Todo parecía una de esos sueños que duran horas y que aún cuando desiertas, no has encontrado la solución exacta.Me mantuve toda la noche fundida en sueños, intentando encontrar el desenlace de aquella extraña historia. Todas esas palabras, todos esos sucesos tan inusuales me mostraban tan curiosa y a la vez extraña que incluso me costó reconocerme a mi misma. Para que mentir, se me pasaron miles de soluciones por la cabeza y yo, sólo yo, sabía cual era la verdadera. Es tan difícil plantear situaciones diferentes cuando sabes que realmente solo hay una...No sé, si para calmar mi estado o para hundirme más, pero no pude retenerme, saqué aquel álbum de fotos que guardas cuando piensas que todo a acabado y me detuve durante un par de horas observando y analizando aquellas fotos, como no lo había hecho nunca antes. Mis ojos se hundían en lágrimas e iban perdiendo su brillo por momentos. Ya no sabía si lo que sentía era dolor, rencor o rabia, son de esos sentimientos que se entrecruzan creando un nudo en la garganta y cada vez te cuesta más respirar. Todo era como esos días en los que tu ánimo se encuentra derrumbado y que aún cuando te preguntan qué te pasa no sabes contestar, y ese nudo explota haciéndote llorar delante de aquellas personas las cuales no quieres que te vean así . Como podréis comprobar, sin duda una situación difícil, me era hasta incapaz de llamarla obstáculo, de esos que sueles pasar y te hacen más fuerte. Veía que todo, todos mis años, infancia, juventud...todo se me iba de las manos y era incapaz de evitarlo. No, sin duda, no lo evitaba por la simple razón de que aquella motivación que me hacía grande día a día ya no alimentaba mi raíz ni me protegía en aquella burbuja como antes. Se podría decir que todo se debía a un estallido, un giro de 180º grados en mi vida, sólo que yo había perdido la fuerza y me negaba rotundamente a levantarme y seguir caminando.

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